



Nàstic de Tarragona. Muchos habrán conocido este equipo este fin de semana, otros lo conocemos por nacimiento, familia y sentimientos. Cincuenta y nueve años hemos tardado en volver a pisar la élite del fútbol español. Es un acontecimiento soñado por pocos y realizado por todos; un sueño por fin hecho realidad. Desde la distancia puedo oler el clima de emoción desmesurada, pasión, desenfreno y alegría. Es el colofón a una odisea de casi sesenta años vagando por los estrepitosos y moribundos campos de la segunda división y segunda división B, donde es fácil caer… pero no levantarse. La verdad es que no me puedo quejar, a mi corta edad he vivido tres fiestas... tres ascensos en un lustro. La primera, en 2001, la de la inexperiencia, la de la juventud, la del despertar a un mundo nuevo, la Segunda A. En 2004, la otra, la de la madurez, la de la consciencia. Y 2006: la mejor. La más ambiciosa, con la que se entra en la galaxia de la Liga de las Estrellas. Desde la distancia he podido disfrutar con frustración, ilusión y nerviosismo el ascenso de mi más que apreciado equipo. Es un ascenso que sirve para acordarse de todos los que lucharon para que se cumpliera el sueño y ya no están… de esas tardes de domingo apáticas y calurosas en el Gol Norte del ya viejo
Nou Estadi, donde disputábamos en el más hondo de los pozos partidos contra Novelda, Gramanet y Badalona; y donde nació, creció y maduró un amor que no encuentra límites, un sentimiento presente en cada uno de los tarraconenses ( y algún otro de Reus...) y que nos hace sentir orgullosos de pertenecer a esta ciudad. El rojo de la camiseta quedó prendido en la retina de aquel niño que aprendió que ser del Nàstic es mucho más que pertenecer a un equipo de fútbol.
Con los últimos ascensos se ha profesionalizado la entidad. Sin embargo, el nuestro siempre ha sido un club familiar, casero y hogareño dotado de una afición fiel y seguidora. Recuerdo, con lágrimas en los ojos, esas conversaciones familiares durante los días de navidad en torno a la mesa. Hablaban, cargadas de emotividad, de sueños inalcanzables, de verdaderas utopías… de amores irrompibles. Pues es, mi familia, una de las más fieles seguidoras.
Y es que nuestro club, nuestra entidad es el decano del deporte español. Era un primero de marzo de 1886 cuando un grupo de jóvenes se reunió en el
Café del Centro para fundar el
Club Gimnástico, con tal de practicar gimnasia. La sección de fútbol, sin embargo, no nacería hasta el 1914. Es motivo de orgullo mostrar el decanato del deporte español en nuestro escudo, blindado por cuatro barras y una corona de laurel.
La fiesta vivida estos días en Tarragona, me comentan vía telefónica, ha sido apoteósica...ni los mas viejos del lugar recordaban tal movilización en la Tàrraco Imperial… y es que estos 28 gladiadores granates, adiestrados por Luis César, han conseguido hacer feliz a más de uno.
Cuando sólo faltan 84 días para que el Nàstic haga su debut en Primera División, por segunda vez en seis décadas; la voz está rasgada, los ojos enrojecidos, los pensamientos y recuerdos se agolpan. Sólo puedo dar las gracias a quienes han hecho posible que ese sueño que siempre pensé realizable se haya convertido en una hermosa realidad. Visca el Nàstic i Visca Tarragona.
Antoni Vives i Tous
Residente del Colegio Mayor Belagua Torre II